Milei en la ONU: el aislamiento y la subordinación de un líder colonial
- Carlos Raimundi
- 8 oct 2024
- 3 Min. de lectura
Su desquicio mesiánico aleja la Argentina de los espacios que necesita: Latinoamérica y los BRICS.

Por Carlos Raimundi *
El discurso del presidente argentino Javier Milei en el 79 Período de Sesiones de la Asamblea de las Naciones Unidas no representó a la Argentina. Milei fue votado por una porción importante de argentinas y argentinos, debido al gran desorden económico anterior, además de otras deficiencias del último gobierno. Pero eso no implica que compartan su delirio.
La Agenda 2030 o Proyecto de Futuro de la ONU que ahora decidió no firmar la Argentina abarca temas centrales, como el cambio climático, el crimen organizado y la pobreza. Es cierto que eso puede implicar una nueva fase de colonialismo, pero también es cierto que los pueblos del Sur Global podemos darle un enfoque muy diferente si construimos una mirada común descolonizadora. La solución no es aislarnos.
El camino tampoco es el mesianismo. Milei se cree una especie de nuevo mesías que viene a corregir el rumbo hacia el socialismo y el colectivismo que estaría tomando el mundo entero. La verdad es que nadie puede tomarse en serio semejante ridiculez.
Por una parte, está desesperado por obtener financiamiento internacional. Pero al mismo tiempo, insulta al mundo.
Por una parte, dice que pregona la paz. Pero al mismo tiempo, exalta al gobierno de Israel, que está cometiendo atrocidades muy pocas veces vistas.
Las y los argentinos en su mayoría no estamos dispuestos a abandonar el sendero de paz y neutralidad que ha recorrido históricamente nuestra política exterior.
Es cierto que Naciones Unidas necesita una reforma. Es cierto que el sistema internacional obliga a muchos países a destinar recursos que no tienen para pagar crónicamente créditos que no necesitan. Pero el camino no es ni el aislamiento ni la subordinación al imperialismo financiero de esta política desquiciada, sino integrar a la Argentina a los grandes bloques emergentes que proponen una institucionalidad alternativa, tanto en lo político como en lo financiero. Y devolver a la Argentina su pertenencia a América Latina.
El discurso de Milei ante la ONU sostiene dos estrategias de consecuencias altamente negativas para la Argentina: Una, alejarla de los bloques emergentes, como los BRICS, que están a la delantera del crecimiento del mundo. Otra, romper el eje articulador Argentina-Brasil, para impedir que América Latina se constituya en un bloque importante en el actual desplazamiento de la Unipolaridad del capital financiero trasnacional hacia un mundo Multipolar que reconozca diferentes culturas, pensamientos y formas de organización social, política y económica.
El desquicio, la alienación y la patología que presenta su personalidad —una personalidad que no permite lazos interpersonales e inter-grupales por fuera de su esquema mental— no quiere decir que no represente un proyecto apoyado en una alta racionalidad: el anarco-capitalismo financiero.
El prefijo anarco remite al viejo anarquismo, el cual cuestionaba el poder estatal para transferirlo a las masas obreras sindicalizadas. En este caso, se trata de destruir al Estado como administrador de lo público para depositar la gobernanza global en manos de un puñado de magnates y CEOs de monopolios privados.
En línea con ese proyecto, el ataque de Milei a la ONU es un ataque a los Estados como representación de las políticas públicas, para que, al ceder prestigio, cedan poder a la gobernanza privada.
Acusar a todos los países de Naciones Unidas de ser socialistas o colectivistas tiene toda la apariencia de un disparate y un absurdo más. Y lo es. Pero, precisamente, se trata de un mensaje caótico para que nadie lo entienda o para no ser tomado en serio. Entretanto, mientras nosotros nos interrogamos por su irracionalidad, el laboratorio de prueba de la gobernanza privada sigue adelante.
Milei expresa, sin duda, un costado que lo convierte en un hazmerreir. Para cualquier argentina o argentino, eso es triste. Pero al mismo tiempo anticipa su final. Mi humilde conocimiento del mundo me indica que los grupos más serios de pensamiento saben distinguir entre este enajenado y el pueblo, la historia y las mejores tradiciones de la Argentina. Que lo hayan votado como tabla de salvación frente al desorden del gobierno anterior, no significa que en esa misma proporción se comparta su delirio.
Por eso, Argentina no puede sentirse lejos del grupo BRICS, de América Latina y de los países emergentes, sino aprovechar todos los espacios sociales e institucionales sub-nacionales, municipios y gobiernos provinciales —aunque no sustituyan al Estado nacional—, como también a partidos políticos y organizaciones sindicales y sociales para mantener estrechos vínculos con la parte más seria del mundo. Más temprano que tarde, estaremos donde se debe estar.
* Abogado, docente universitario, ex diputado nacional y del Parlasur y, entre 2019 y 2023, embajador argentino ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en su sede de Washington DC, EE.UU.
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