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¿El cielo es el límite?

A través de su ambicioso plan Qianfan, China busca posicionarse como líder en el ciberespacio con el lanzamiento de 15.000 satélites para 2030. Esta estrategia se enfrenta a la supremacía de SpaceX, la empresa de Elon Musk ¿Cómo impacta esta disputa en el dominio de la conectividad global y qué papel juegan otros países en este escenario?


Por Carlos Alberto Aguirre


La filosofía política de China se basa en el concepto de Tianxia (Todos bajo el mismo cielo), promoviendo una comunidad de convivencia y coexistencia armoniosa, basada en la complementariedad y no en la rivalidad. Sin embargo, si se busca trascender el cielo y expandirse más allá, como en la exploración espacial, esta misma metodología se aplicaría.


La competencia entre Estados Unidos y China no es nueva; ha sido un tema recurrente. Ejemplo de ello son notas como ¿El imperio contraataca?, que evidencian no solo una confrontación comercial mediante la imposición de aranceles para proteger industrias nacionales, sino también disputas bajo el argumento de la seguridad nacional.


El imperio asiático avanza rápidamente en diversos ámbitos de la geopolítica y la tecnología. Un caso destacado es el de la empresa SpaceSail, respaldada por el gobierno de la provincia de Shanghái, que ha expandido sus operaciones a Brasil, Kazajistán y Malasia, con planes de extenderse a toda América Latina, según el sinólogo español Adrián Díaz.


SpaceSail tiene como objetivo lanzar 15.000 satélites para 2030, aunque en el corto plazo planea desplegar 648. Este avance forma parte del plan estratégico chino Qianfan (Mil Velas), donde la conectividad y la infraestructura juegan un papel clave en la competencia por el dominio del ciberespacio entre China y Estados Unidos. Dicho plan se complementa con la iniciativa de "La Franja y la Ruta".


Si comparamos cifras, la empresa de Elon Musk, SpaceX, ya cuenta con 7.000 satélites y proyecta alcanzar los 42.000 a finales de esta década. En contraste, el gobierno chino ha realizado una fuerte inversión en su industria satelital, con un respaldo económico de 6,7 millones de yuanes, y planea expandirse a más de 30 países.


Más allá de esta competencia tecnológica y de narrativas globales, es importante reconocer los avances logrados por otros países, como el nuestro, que ha enviado casi tres satélites al espacio, utilizados actualmente por diversas naciones. Sin embargo, se especula que estos podrían terminar en manos de Elon Musk. En este contexto de disputa geopolítica, es fundamental enfocarnos en compartir conocimientos en lugar de competir, valorar el desarrollo propio sin resignarnos, y fomentar el crecimiento de la ciencia y la tecnología autóctona.


El presidente chino, Xi Jinping, ha expresado que “la innovación es la primera fuerza motriz del desarrollo”. Esta innovación debe entenderse en un sentido amplio, abarcando no solo la tecnología, sino también avances teóricos, institucionales, científicos y culturales. Estos principios están reflejados en el plan Made in China 2025, una estrategia dividida en tres fases: reducir la brecha tecnológica con otros países, consolidar su posición en los próximos diez años y liderar la innovación mundial para 2045.


China busca establecer y dominar los estándares tecnológicos, entendiendo que su desarrollo científico y técnico es de carácter estratégico para su futuro.




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