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El Buda en disputa

El asunto de la sucesión del linaje que lidera el budismo tibetano se ha transformado en un inesperado foco de tensión geopolítica en el Himalaya, avivando las ya latentes tensiones entre China e India por la influencia en la región.

 


*Por Diego Luciano Mazzella

 

 

Hace algunos días fue publicado el nuevo libro de Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama, “Voz para los que no tienen voz”, con una declaración que no ha caído bien entre las autoridades de Beijing: «el nuevo Dalai Lama nacerá en el mundo libre», en clara oposición al gobierno comunista de China. Estas declaraciones reeditan el conflicto con Beijing, que insiste en que serán ellos los que elijan al próximo líder del budismo tibetano.


El Dalai Lama, como líder espiritual global del lamaísmo[1], es venerado entre las comunidades tibetanas en el exilio, principalmente en la India, donde reside y donde se encuentra el Gobierno Tibetano en el Exilio. Además, su figura es reconocida y respetada en Mongolia, Bután y Nepal, donde también hay grandes comunidades de exiliados tibetanos que siguen con atención sus comentarios y expresiones de todo tipo.


Las implicancias de su figura operan a varios niveles, por lo cual, para interpretar este conflicto, es necesario entender qué significa la figura del Dalai Lama y cómo es su influencia cultural, política y religiosa en la región, como así también explorar el desarrollo del conflicto chino-tibetano y sus consecuencias hasta el día de hoy.

 


¿Quién es el Dalai Lama?

 

El Dalai Lama es la figura central del budismo tibetano, específicamente de la escuela Gelug, y es reconocido como el líder espiritual más importante de esta tradición. La palabra "Dalai Lama" es un título que combina el mongol "dalai" (que significa "océano") y el tibetano "lama" (que significa "maestro") Así, "Dalai Lama" puede traducirse como "maestro oceánico", haciendo referencia a su sabiduría infinita y su carácter universal. Además, es considerado la manifestación en este mundo de Avalokiteshvara, patrono del Tíbet y conocido también como el "bodhisattva[2] de la compasión", el cual busca la iluminación para el beneficio de todos los seres sintientes.


En cuanto al proceso de selección, tras la muerte de un Dalai Lama, un grupo de monjes y líderes religiosos (como el Panchen Lama, del que hablaremos más adelante) realizan una serie de rituales y búsquedas para identificar a un niño que muestre signos de ser la reencarnación del Dalai Lama anterior. Esto incluye observar comportamientos, sueños y visiones, así como consultar oráculos y otros procedimientos esotéricos. El niño que sea identificado como el nuevo Dalai Lama debe ser confirmado mediante pruebas, como reconocer objetos y personas relacionadas con el Dalai Lama anterior, para de esta forma asegurar el continuo espiritual de la misma consciencia a través de las generaciones.


El primer Dalai Lama reconocido oficialmente fue Gendün Drup (1391-1474), aunque el título en sí no fue usado hasta el cuarto Dalai Lama, Yonten Gyatso (1589-1617). El concepto de la reencarnación del Dalai Lama como un líder espiritual de un linaje continuo de vidas fue establecido formalmente en el siglo XVII, durante el reinado del Quinto Dalai Lama, Ngawang Lobsang Gyatso (1617-1682). Este Dalai Lama consolidó su poder al convertirse en el líder político del Tíbet, uniendo el rol espiritual con el poder temporal, y desde entonces, el Dalai Lama ha sido tanto una figura religiosa como política hasta la ocupación china en el siglo XX.

 

El Dalai Lama siendo recibido por las autoridades de la India en 1959. Foto: Dennis Lee Royle/AP
El Dalai Lama siendo recibido por las autoridades de la India en 1959. Foto: Dennis Lee Royle/AP

 

 

China y el problema de la sucesión.

 

En 1950 el Ejército Popular de Liberación de China invadió el Tíbet, que hasta entonces había sido un reino independiente. En 1951, el gobierno tibetano firmó el Acuerdo de 17 Puntos con China, que reconocía la soberanía de Beijing sobre el Tíbet, pero garantizaba su autonomía y la libertad religiosa. Sin embargo, las tensiones aumentaron cuando el gobierno chino comenzó a imponer reformas políticas y sociales que afectaban la cultura y religión tibetanas.


En 1959, tras un levantamiento tibetano contra el dominio chino, Beijing respondió con represión militar. Ante el creciente peligro y la amenaza a su vida, el Dalai Lama se vio obligado a huir al exilio en India, donde se estableció en Dharamsala. Desde entonces, ha encabezado el Gobierno Tibetano en el Exilio, bregando por la preservación de la cultura tibetana, la autonomía del Tíbet y los derechos humanos de su pueblo. En 1989, ganó el Premio Nobel de la Paz por su militancia en esta causa.


Una de las consecuencias de la invasión china del Tíbet alcanza directamente el tema de la sucesión del Dalai Lama que se debate hoy en día, y es la figura del Panchen Lama.


El Panchen Lama es una figura importante en el budismo tibetano, considerada la segunda más relevante después del Dalai Lama. Su rol es el de líder espiritual de la escuela Gelug en el Tíbet, y tiene la responsabilidad de identificar y reconocer la reencarnación del Dalai Lama. A su vez, el Dalai Lama debe reconocer a la reencarnación del Panchen Lama tras la muerte de este. El actual 11º Panchen Lama, Gedhun Choekyi Nyima, reconocido en 1995, fue secuestrado por el gobierno chino poco después de su reconocimiento, y desde entonces su paradero ha sido desconocido.


Con esta detención, China parece conservar una carta esencial en la búsqueda de controlar la designación de la próxima reencarnación de Tenzin Gyatso, y de esta forma influir en el gobierno temporal del budismo tibetano y de sus comunidades a lo largo del Himalaya.


En este sentido, y con motivo del lanzamiento de este nuevo libro, el Ministerio de Exteriores de China ha afirmado que el Dalai Lama es «un exiliado político centrado en llevar a cabo actividades separatistas en contra de China», y que «en el asunto tibetano, la postura de China es clara y consistente. Lo que dice el Dalai Lama no puede cambiar el objetivo del desarrollo y prosperidad del Tíbet».


Hace poco más de un mes, desde Beijing dijeron sentirse esperanzados en que el Dalai Lama «retornase al camino correcto», destacando que estaban abiertos a discutir acerca de su futuro si cumplía condiciones tales como reconocer que el Tíbet y Taiwán son partes inalienables de China, cuyo único gobierno legal es el de la República Popular de China. Esta propuesta fue rechazada desde Dharamsala.

 


¿El último Dalai Lama?

 

En 2011, el Tenzin Gyatso hizo declaraciones importantes sobre la continuidad de la institución del Dalai Lama, sugiriendo que él podría ser el último en ocupar ese título. En un discurso desde su residencia en Dharamsala, expresó que la institución del Dalai Lama podría terminar después de su vida, si el pueblo tibetano decidiera que no era necesaria en el futuro. Es decir, la elección de un sucesor podría ser una cuestión de democracia, sugiriendo que, si el pueblo tibetano decide no necesitar más de un líder espiritual encarnado, la institución podría desaparecer. También señaló que la reencarnación del Dalai Lama podría no ser necesaria en el futuro si el Tíbet lograba su libertad, ya que la gente ya no dependería de una figura espiritual como él para guiarles. Incluso llegó a decir que la reencarnación del Dalai Lama no necesariamente tendría que seguir las convenciones pasadas y podría nacer en otro país, fuera del Tíbet, y, además, podría ser una mujer, demostrando una apertura inédita de esta institución milenaria.


Estas declaraciones fueron vistas como un intento de desacoplar la figura del Dalai Lama de las presiones políticas de China, que reclama el derecho de nombrar al Dalai Lama, como sucedió con el caso del Panchen Lama, y también como una manera de promover una mayor autonomía y democracia dentro del pueblo tibetano.

 


Tensiones en el Himalaya: India, Occidente y el equilibrio de poder.

 

Este asunto, cómo se observa, es un tema profundamente influenciado por las tensiones geopolíticas entre China, India y Occidente.


Volvamos a la publicación de su último libro, “Voz para los que no tienen voz”, donde leemos las palabras textuales del Dalai Lama: «dado que la reencarnación consiste en continuar el trabajo de sus predecesores, el nuevo Dalai Lama nacerá en el mundo libre, de manera que la misión tradicional del Dalai Lama –que consiste en ser la voz universal de la compasión, en ser el líder espiritual del Budismo Tibetano y un símbolo del Tíbet encarnando las aspiraciones de los tibetanos– continúe».


Beijing ha intentado controlar la figura del Dalai Lama seleccionando a Gyaincain Norbu como el 11º Panchen Lama, mientras que los tibetanos en el exilio insisten con el desaparecido Gedhun Choekyi Nyima como el legítimo Panchen Lama. Haber impuesto a su propio candidato para esta posición es uno de los principales motivos de disputas con el Gobierno Tibetano en el Exilio, puesto que China insiste en tener el derecho de decidir quién será el sucesor, mientras que el Dalai Lama ha dejado claro que no aceptaría un sucesor impuesto por el gobierno chino, lo que agrava las tensiones sobre la autonomía religiosa y política del Tíbet.


En su nuevo libro, el Dalai Lama también recoge que, desde sus declaraciones en 2011, ha estado recibiendo varias peticiones de tibetanos pidiéndole «que asegure que el linaje continuará». Esto ha generado reacciones tanto dentro del Tíbet como fuera de él, especialmente en India, que como se señaló anteriormente alberga al Dalai Lama y al Gobierno Tibetano en el Exilio, siendo un aliado crucial en la lucha por la autonomía tibetana. La presencia del Dalai Lama en India ha sido siempre un punto de conflicto con China, que ve esta relación como un desafío directo a su control sobre el Tíbet. Recordemos también que existen hoy en día varias disputas territoriales y fronterizas entre India y China, como las de las regiones de Aksai Chin, Arunachal Pradesh, el Valle de Galwan y la región de Ladakh, todas ellas sobre los Himalayas.


Otro actor involucrado en este asunto es Occidente, que acogió grandes flujos de exiliados tibetanos, los cuales han hecho florecer importantes comunidades budistas en Europa y América.  Producto de este fenómeno, particularmente Estados Unidos ha utilizado como símbolo la defensa de los derechos humanos y la autonomía del Tíbet como forma de criticar al sistema chino y sus “peligros”, mientras que China ha presionado a sus socios occidentales para que no reconozcan al Dalai Lama ni lo reciban en sus territorios.


Este conflicto religioso y político no sólo abarca la lucha por el Tíbet, sino que también se ha convertido en un escenario de disputa geopolítica. Por un lado, China busca consolidar su poder en la región, mientras que India intenta frenar el avance del gigante asiático. A su vez, los países occidentales inciden bajo la agenda de los derechos humanos del pueblo tibetano y su libertad religiosa como una estrategia para contener la creciente influencia china en el Himalaya.

 


El Dalai Lama en su residencia de Dharamsala, India, a finales del año pasado.  Foto: Priyanshu Singh/Reuters
El Dalai Lama en su residencia de Dharamsala, India, a finales del año pasado. Foto: Priyanshu Singh/Reuters


*Diego Luciano Mazzella es politólogo por la Universidad de Buenos Aires, y especialista en filosofía y religiones orientales. Dirige el Consejo de Jóvenes Profesionales del Instituto Internacional de Derechos Humanos, capítulo Americano, y es miembro del Centro de Estudios para el Desarrollo Integral.

 


Referencias


[1] El Lamaísmo es una forma del budismo mahayana predominante en el Tíbet y Mongolia, caracterizada por una fuerte estructura monástica y la guía espiritual de los lamas. Combina enseñanzas budistas con tradiciones esotéricas del budismo tántrico indio y elementos de la religión ancestral tibetana, el Bön.

[2] Un bodhisattva es un ser iluminado en el budismo Mahayana (Gran Vehículo) que, en lugar de alcanzar el Nirvana, elige permanecer en el ciclo de renacimientos para ayudar a todos los seres sintientes a alcanzar la iluminación. Es un símbolo de compasión y altruismo.

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